José Ortiz

Uno de los grandes narradores realistas de la escuela española. Su pincel, de negros densos y figuras rotundas, brilló en las revistas de terror de Warren (Creepy, Eerie, Vampirella), en el Tex italiano y en la ciencia ficción áspera de Hombre y Burton & Cyb, junto a Antonio Segura.

Juan Zanotto

Italiano de nacimiento y argentino de oficio, fue uno de los dibujantes más elegantes de la escuela de Ediciones Récord. Su línea limpia y sensual dio forma a Henga, el cazador, a la Bárbara posapocalíptica y a Nueva York año cero, ambas con Ricardo Barreiro, y a su saga personal, Falka.

Nazario

Figura fundacional del underground español y pionero del cómic gay en Europa. Desde El Rrollo Enmascarado y las páginas de Star y El Víbora creó a Anarcoma, detective travesti de la Barcelona canalla, con un dibujo preciso y barroco que convirtió la transgresión en arte.

José Luis Martín

Humorista gráfico y miembro fundador de El Jueves, donde desde 1977 da vida a Dios en ¡Dios mío!, una irreverencia que le valió varios juicios y otras tantas absoluciones. Su Quico, el progre, retrato inmisericorde de una generación, es ya un clásico del humor de la Transición.

Jesús Blasco

Uno de los padres del tebeo de aventuras español. Creó a Cuto siendo apenas un adolescente y décadas después triunfó en el Reino Unido con The Steel Claw. Su dibujo, dinámico y de un realismo cinematográfico, marcó el camino a toda una generación de dibujantes.

Ivà

El humorista más corrosivo del cómic español de los ochenta. Desde El Papus y El Jueves firmó Historias de la puta mili y Makinavaja, el último choriso. Las dos fueron fenómenos populares y llegaron al cine y la televisión gracias a su mirada feroz y a su oído prodigioso para el habla de la calle.

Miguel Gallardo

Cocreador, con Juan Mediavilla, de Makoki, icono del underground barcelonés de finales de los setenta y emblema de El Víbora. Décadas después firmó María y yo, sobre la vida junto a su hija autista, un libro que llevó la novela gráfica española a un territorio de ternura y verdad.

Enrique Alcatena

Maestro de la fantasía épica y del detalle obsesivo, formado en Skorpio junto a guionistas como Eduardo Mazzitelli, Ricardo Barreiro o Robin Wood. Su dibujo, de un barroquismo casi ornamental, llegó también a Starblazer en el Reino Unido y a DC y Marvel, de Batman a Conan.

Arturo del Castillo

Considerado uno de los mayores virtuosos de la plumilla en la historia del cómic. Afincado en Argentina, inmortalizó el western de Randall the Killer con guion de Oesterheld y trabajó para la británica Fleetway, con un entramado de líneas de una finura propia del grabado.

Marino Benejam

Uno de los dibujantes que definieron el TBO, la revista que dio nombre al tebeo. Creó a Eustaquio Morcillón y Babali y dibujó La familia Ulises con guiones de Joaquín Buigas. Su trazo amable y costumbrista acompañó a varias generaciones de lectores.

Carlos Giménez

Uno de los autores esenciales del cómic europeo. De Dani Futuro a Paracuellos, Barrio o Los profesionales, ha convertido la memoria personal y colectiva de la posguerra y la Transición en una obra de honestidad desgarradora, sostenida por un dibujo expresivo e inconfundible.

Carlos Meglia

Dibujante de energía desbordante, fundió caricatura, expresionismo y estética de animación en un estilo inconfundible. Su gran creación, Cybersix, con guion de Carlos Trillo, saltó a la televisión y le abrió las puertas de Europa y Estados Unidos.

Carlos Roume

Maestro del realismo clásico argentino y dibujante de caballos sin rival. Colaboró con Oesterheld en Hora Cero y Frontera, ilustró el Martín Fierro para Billiken y trabajó años para la británica Fleetway antes de retirarse a Tandil a pintar acuarelas y modelar bronces.

Enric Sió

El gran renovador formal del cómic español de los sesenta y setenta. Con Lavínia 2.016, Sorang, Nus o Mara llevó a la historieta el collage, la fotografía y la experimentación pop, en sintonía con la vanguardia europea, y abrió camino al cómic adulto que vendría después.

Enrique Breccia

Hijo de Alberto Breccia, debutó junto a su padre y a Oesterheld en Vida del Che (1968) y forjó pronto un lenguaje propio, expresionista y pictórico. Alvar Mayor, con Carlos Trillo, El Sueñero o sus trabajos para Vertigo y el mercado francés lo sitúan entre los grandes del cómic argentino.