Una heroína inventada en veinte días
A comienzos de los noventa, Carlos Trillo y Carlos Meglia crearon para una editorial italiana una criatura que de día es un profesor de literatura y de noche una fugitiva vestida de cuero. Cybersix fue un fenómeno internacional, una fábrica de páginas y el escaparate en el que el dibujo de Meglia se convirtió en un estilo propio.
Veinte días. Es el tiempo que, según contó Carlos Meglia, tuvieron él y Carlos Trillo para crear el personaje. La editorial italiana Eura Editoriale quería una historia por entregas semanales de doce páginas para plantar cara a Bonelli, la gran casa del fumetto popular, y necesitaba una propuesta ya. Los primeros bocetos de Meglia mostraban a una mujer disfrazada de hombre para entrar en la policía; el título provisional, sugerido por Guillermo Saccomanno, era Black Baby. Durante esas tres semanas fueron añadiendo piezas a medida que, en palabras de Meglia, les despertaban la imaginación. Una semana después de entregarla, Eura la había aceptado y había que dibujar el primer capítulo.
Un origen nada solemne para una obra que acabaría sumando miles de páginas publicadas, ediciones en tres países, una serie de televisión en imagen real, otra de animación y un pleito contra James Cameron.
Una criatura que tiene que esconderse
La premisa es de folletín, en el mejor sentido. En algún lugar de Sudamérica, el doctor Von Reichter, un antiguo miembro de las SS que sobrevivió a la guerra, ha fabricado una serie de humanoides artificiales, los Cyber. Cuando sus cinco mil criaturas empiezan a desobedecer, ordena destruirlas. Una sobrevive: Cyber-6. Huye a una ciudad imaginaria, Meridiana, y adopta la identidad de Adrián Seidelman, un profesor de literatura muerto en un accidente de tráfico. De día da clase vestida de hombre. De noche recorre los tejados buscando a las creaciones de su padre (los Technos, de apariencia humana, y las Ideas Fijas, monstruos remendados al modo de Frankenstein) para beber el líquido vital que las mantiene vivas y que ella necesita para sobrevivir.
A su alrededor, Trillo construyó un reparto de telenovela gótica. Lucas Amato, el profesor que se convierte en su amigo y en su amor imposible; Julián, un niño huérfano; José, el hijo clonado de Von Reichter, un villano en miniatura; y Data-7, la pantera negra que lleva dentro el cerebro de otro Cyber muerto y que la sigue en silencio por las azoteas.
Lo que diferencia a Cybersix de tantas heroínas de acción de los noventa es que su doble vida no es un recurso, sino una condición de supervivencia. Cybersix se esconde porque, si la encuentran, la matarán. Se disfraza de hombre porque una mujer sola llama la atención. Y vive de lo que extrae de las criaturas de su creador, como una vampira. Trillo, uno de los guionistas más inteligentes de la historieta argentina, alguien que había escrito para Alberto Breccia, cargó la serie de preguntas sobre la identidad, el género y lo que significa ser humano, sin dejar nunca de entregar acción, erotismo y suspense cada doce páginas.
Hay además un detalle muy particular. Un médico nazi que se esconde en Sudamérica para seguir experimentando con seres humanos. Para un lector argentino, eso no es una fantasía exótica. Adolf Eichmann fue capturado en Buenos Aires en 1960 y Josef Mengele vivió años en Argentina antes de huir a Paraguay y Brasil. La comparación de Von Reichter con Mengele aparece en la crítica argentina con toda naturalidad. Cybersix se publicó primero en Italia y se pensó para el mercado europeo, pero lleva dentro una sombra muy rioplatense.

El dibujo de un animador
Meglia tenía poco más de treinta años cuando empezó la serie. Nacido en Quilmes en 1957, se formó en la escuela de arte de su ciudad, trabajó como ayudante del ilustrador Oswal y pasó unos tres años en la filial porteña de Hanna-Barbera pintando fondos de animación. Él mismo citaba entre sus maestros a Hal Foster, Norman Rockwell, Frank Frazetta, José Luis Salinas y Albert Uderzo, y reconocía la huella de las películas de animación de Ralph Bakshi. Esa mezcla, el dibujo académico de la gran ilustración y la elasticidad del dibujo animado, es la clave de su estilo.
En Cybersix esa mezcla encontró por fin un escenario a su medida. Sus figuras se estiran y se contraen como si estuvieran hechas de goma; las poses de Cybersix sobre las cornisas tienen la exageración expresiva del cartoon, pero el claroscuro, las arquitecturas góticas de Meridiana y la carga erótica pertenecen a la historieta adulta. Algunos críticos de la época lo despacharon como «cartoonesco». Otros lo estudiaron con lupa para copiarlo. La crítica argentina habla de una «estética Meglia» que se convirtió en fenómeno precisamente con esta serie, y dejó huella en dibujantes posteriores, como Fernando Sosa.
A mí lo que más me impresiona es el ritmo. Meglia piensa la página como un plano de animación. La heroína atraviesa la viñeta, el fondo continúa en la siguiente y el ojo del lector se desliza por los tejados sin tropiezos. Es una narración pensada para leerse deprisa, como corresponde a una entrega semanal, y que sin embargo aguanta perfectamente una segunda lectura lenta.
La factoría Meglia
La serie se publicó en la revista italiana Skorpio en entregas semanales de doce páginas en blanco y negro, desde 1991 según la mayoría de las fuentes. Tuvo tanto éxito que Eura la amplió a una colección propia de libros de noventa y seis páginas, que se publicó desde finales de 1993 hasta enero de 1999, cuando la serie se interrumpió en el número 45 por desacuerdos entre los autores y la editorial. En total, más de un centenar de capítulos semanales y cuarenta y cinco libros: miles de páginas en menos de una década.
Ningún dibujante puede sostener ese ritmo solo, y Meglia lo comprobó en carne propia. Durante los dos primeros años lo dibujó todo él, y acabó, como él mismo dijo, quemado. La solución fue convertir su estudio en una pequeña industria. Trillo la bautizó con admiración como «la factoría Meglia» y la describió así: «Fotocopias, miles de fotocopias, y ayudantes, muchos pero muchos ayudantes». Meglia trabajaba con fondos enormes, de los que usaba un trozo en cada viñeta: una vista panorámica de Meridiana podía servir para decenas de planos distintos. Era el método del pintor de fondos de animación aplicado al cómic. Por su estudio, lleno de gente, mate y televisores, pasaron dibujantes como Fernando Calvi, Alejandro Santana, Darío Brizuela, Adrián Sibar, Fabián Mezquita o César Da Col.
Algunos de los libros de la etapa mensual no los crearon ni Trillo ni Meglia, y la crítica argentina los considera claramente inferiores. Antes de adquirir una página, conviene identificar con exactitud de qué capítulo procede y qué parte del trabajo es de Meglia. Las páginas de los primeros años, cuando dibujaba solo, tienen un valor especial. Son el estilo en estado puro, antes de que se convirtiera en un sistema.

Un éxito que se le escapó a sus autores
Las ediciones se multiplicaron. En Argentina, la serie llegó en 1993 a través de Puertitas y de la colección Meridiana Comics de El Globo Editor, y en 1995 la revista Comiqueando publicó los capítulos semanales; Napoleones Sin Batallas la reeditó a partir de 2012. En Francia, Vents d'Ouest publicó doce gruesos volúmenes entre 1994 y 1998. En España la recibimos tarde y a medias. Planeta DeAgostini publicó seis números entre 1997 y 1998 y la colección se cortó. No existe una edición completa en castellano.
En 1995, Telefe estrenó una serie en imagen real con Carolina Peleritti, coescrita por Trillo y Meglia, que se canceló al poco por falta de audiencia. En 1999 llegó la versión animada, producida por TMS en Japón y NOA en Canadá, que eliminó el vampirismo y el erotismo para el mercado norteamericano y que tuvo éxito en Europa, Japón y Canadá. Meglia confesó que le había encantado. Muchos lectores descubrieron Cybersix primero como esa serie de dibujos y después el cómic.
Luego vino el pleito. Trillo y Meglia demandaron a James Cameron por considerar que la serie Dark Angel (2000) copiaba buena parte de su argumento. Abandonaron la demanda por falta de recursos, según explicó Trillo en 2007. Para entonces, Meglia estaba harto del personaje. Quienes lo conocieron cuentan que bastaba con mencionarlo para ponerlo de mal humor. Murió en agosto de 2008, con cincuenta años. Trillo murió en 2011.

Cybersix no tiene final. El último libro despeja a muchos villanos pero deja abiertos los conflictos centrales; Trillo dijo en 1999 que «por ahora se terminó» y que el final permitía retomarla algún día. Nunca ocurrió.
Benet Rouse